Noticias históricas acerca del proyecto de construcción de un tren de alta velocidad entre Buenos Aires, Rosario y Córdoba en la República Argentina, entre el 27 de abril de 2006 y el 26 de septiembre de 2008 (las noticias continuaron hasta el 20 de diciembre de 2012), durante los gobiernos de Nestor y Cristina Kirchner.

viernes, 26 de septiembre de 2008

Tren o bala (opinión)

 26/09/2008.

Por: Martin Caparrós.

Si no hubiera sucedido alguien habría tenido que inventarlo –para enseñarlo en las escuelas, por ejemplo. Porque no es fácil encontrar un proceso que muestre tan preciso cómo funcionan ciertas cosas.

* La primera fue larga, y empezó cuando el gobierno menemista decidió cargarse los trenes y los gobiernos posteriores continuaron sus pasos: dejaron que las vías se desviaran y los vagones se convirtieran en carros ganaderos, total son para pobres. Este último gobierno volvió, es cierto, sobre el tema y prometió algunas cosas, pero se dedicó, sobre todo, a pagar subsidios por un servicio que no sirve. Y construyó uno de sus clásicos con el anuncio de un tren bala, pero últimamente ni siquiera está claro si quieren hacerlo o no y ellos mismos no consiguen precisarlo: bastante típico. En cualquier caso, los trenes andan para el orno y las personas sufren. A veces, cuando se cansan mucho de sufrir, protestan. Como no les hacen caso cuando protestan, a veces, cuando se cansan mucho de protestar, van y destruyen algo. Entonces la violencia demuestra su eficiencia, los hechos salen en la tele y todos hablamos de los trenes –o lo que sea que motivó los exabruptos.

* La segunda fase sucedió hace veinte días, cuando personas llegaron al capítulo violencia y quemaron varios vagones de tren en un suburbio. Entonces la historia apareció, faltaba más, en todos los canales. Y el gobierno, en lugar de averiguar y eventualmente incluso castigar, salió a decir que habían sido sus enemigos en plan saboteador publicitario complotero. La declaración estaba tan fundada que todavía, semanas después, no pudieron probar ninguna acusación.

* La tercera fase es corolario de la segunda: el gobierno, en lugar de actuar sobre la causa del problema –en este caso, los ferrocarriles–, habló sobre sus consecuencias. Hablar en vez de actuar –digo, por si les suena. Entonces, por supuesto, unos pocos días más tarde, el mismo hecho se volvió a producir, menor escala: el lunes quemaron otro vagón en otro suburbio.

* La cuarta viene de la tercera: el martes a la tarde, preocupado por el calor y la fogosidad de su pasaje, un sindicato de trabajadores ferroviarios decidió un paro de 24 horas para pedir por su seguridad. Es justo que los trabajadores ferroviarios tengan su seguridad: es un poco triste que paren por ella y no porque su fuente de trabajo es una vergüenza que maltrata a sus prójimos usuarios, pero así funcionan las corporaciones. Y es triste también que el secretario general de la Fraternidad, un señor Omar Maturano, anduviera diciendo por las radios que está harto de esta cosa de los derechos humanos porque al final los únicos que tienen derechos humanos son los que rompen todo y los delincuentes y que hay que meter más gente en la cárcel y que en los trenes fuman marihuana. En cualquier caso, más allá de su miseria retórica, los ferroviarios fueron a la huelga. Si, en ese momento, alguien en el gobierno se enteró de lo que estaba sucediendo, no le hizo ningún caso. Habrán creído que ellos están para otras cosas y que no era su problema.

* La quinta fase fue el quilombo desatado: el miércoles a la mañana la ciudad era un caos, miles y miles de autos se molestaban en avenidas y autopistas, cientos de miles de automovilistas odiaban a sus pares e incluso a sus impares, millones de peatones buscaban algún truco para llegar a sus trabajos, los colectivos no paraban, los taxis afanaban y hasta hubo más de un vivo que descubrió que podía vender monedas –para el bondi– al doble de su precio: el eterno sueño del banquero realizado de pronto en una esquina. Fue una mañana estupenda, argentinidad en su estado más puro, más impuro.

* La sexta fue respuesta a la quinta: el gobierno de la Ciudad, viendo que la ciudad se le perdía, decidió desacatar sus propias leyes y permitir el estacionamiento en cualquier lado. Fue su contribución –bastante eficiente– al quilombo general. Y su demostración del estilo municipal contemporáneo, decidido y valiente: si no puedes hacer cumplir la ley, inventa otra. Ya lo habían hecho el día anterior, cuando decidieron levantar la prohibición de descargar camiones a la luz del día porque no conseguían que nadie les hiciera caso.

* La séptima fue la definitiva: el quilombo era tanto, las puteadas tan estentóreas y corales, que un par de funcionarios del gobierno decidieron de urgencia, once de la mañana de este miércoles, prometer contingentes de policía y gendarmería para cuidar trenes y estaciones. Fue una decisión interesante, tipo municipal contemporáneo: si estaban convencidos de que había que hacerlo, no necesitaban el caos para ponerlo en marcha. Si pensaban que no había que hacerlo, no necesitaban ponerlo en marcha pese al caos –y sí buscar alguna solución alternativa. Una clásica acción de gobierno, uno de esos momentos en que uno casi los prefiere cuando sólo hablan. En cualquier caso, así fue: prometieron más vigilancia a los trabajadores ferroviarios, la huelga se levantó, la ciudad empezó a recuperar la ¿calma?, el odio al semejante bajó tres décimos en la escala de Priebke, salió un ratito el sol, los locutores y locutoras pudieron volver al crimen de la adolescente y los goles de Boca y las tetas recientes.

El ciclo es un modelo. Una vez más: si no existiera habría sido muy útil inventarlo. Porque explica en pasos breves, precisos, definibles, mucho del funcionamiento de la sociedad argentina contemporánea. En apretada síntesis: como no les dimos trenes, al final les mandamos la cana. O sea: trenes no, balas sí. O, si se quiere: en lugar de garantizar sus derechos, que es muy caro y no nos da la gana y preferimos gastarla en otras cosas, aceptamos el apriete de una corporación, vamos y los reprimimos. Digo, por ahora. Después, si quieren, podemos volver a hablar de la inseguridad y el segurismo.

criticadigital.com/index.php?secc=nota&nid=11423

http://actividadentrerios.blogspot.com.ar/2008/09/tren-o-bala-martin-caparrs.html

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